Tercera edad | Patricia Valiente Bermejo

Tercera edad

La vejez es la última etapa vital. Si la salud acompaña, puede vivirse en plenitud.

Las personas mayores experimentan numerosos cambios en su vida que requieren de diversas adaptaciones por su parte y por la de sus familiares.

La tercera edad es una etapa caracterizada por las pérdidas. En esta etapa las personas han perdido a muchos seres queridos, parte de sus capacidades e incluso su propia autonomía. Todo ello unido a otros problemas de salud física o mental, como puede ser el dolor crónico y la demencia, afectan gravemente al bienestar de la persona mayor y son motivos para solicitar atención psicológica.

Normalmente es la familia la que solicita la ayuda para su familiar. Las personas mayores de hoy en día no están familiarizadas, ni se sienten cómodas, con la idea de acudir al psicólogo. Aceptan su sufrimiento como algo normal que no tiene solución. La vejez no tiene porqué ir unida a la enfermedad. El resto de la sociedad debemos eliminar ese prejuicio y ayudar a nuestros mayores a obtener la máxima salud que puedan llegar a alcanzar.

La intervención psicológica con personas mayores se orienta a tratar problemas psicológicos como la ansiedad o los trastornos del estado de ánimo y promover procesos de salud activos y satisfactorios.

Mi experiencia en el trabajo con ancianos me ha demostrado que a pesar de no sentirse muy cómodos al principio, con la progresión de las sesiones se muestran más cómodos y muy agradecidos ante la escucha y la ayuda que se les ofrece. Muchos de ellos llevan años guardando secretos que les pesan en el alma y han experimentado situaciones traumáticas considerables. No olvidemos que han vivido una guerra, o nacieron al inicio de la postguerra, en un contexto desfavorable y destructor de la salud mental.

Los problemas más frecuentes que se atienden en éste área son procesos de duelo, problemas de ansiedad, depresión, demencias (pérdidas de funciones cognitivas y/o ejecutivas), dolor crónico, miedo a la muerte, trastornos del sueño, procesos de jubilación y problemas psicosomáticos.

Debido a la demanda recibida, haré mención especial al síndrome post-caída. Se podría definir como el conjunto de conductas y pensamientos tras una caída real o no, caracterizados por el miedo a caer, la pérdida de confianza para desarrollar actividades sin caerse y la disminución de la movilidad y la capacidad funcional. A pesar de que la mayoría de las caídas no provocan lesiones graves o la muerte (sin olvidar que en un pequeño porcentaje de casos si se producen lesiones importantes), la persona mayor queda paralizada por el miedo a que vuelva a ocurrir, mermando así su actividad general.
Este síndrome se puede conceptualizar como un trastono de estrés post traumático (TEPT). La intervención psicológica trabaja sobre el TEPT con EMDR (para más información leer el apartado de trauma y EMDR) además de identificar otros problemas que pueda presentar la persona y estén influyendo en su bienestar general.

Para finalizar, también se ofrece intervención psicológica a familiares y cuidadores.

 

“Las personas no envejecemos cuando se nos arruga la piel, sino cuando se arrugan los sueños y las esperanzas”.

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