Trauma | Patricia Valiente Bermejo

Trauma

Un hecho traumático suele definirse como una experiencia humana extrema que constituye una amenaza grave para la integridad física y psicológica de una persona y ante la que la persona ha respondido con temor, desesperanza u horror intensos. Tras haber experimentado, presenciado o escuchado un hecho de este tipo pueden aparecer una serie de síntomas que escapan al control del superviviente y que le crean un profundo sufrimiento psicológico.

La palabra trauma deriva del griego y significa herida. Se han definido dos tipos de trauma, los traumas con “T” mayúscula, como los problemas originados por desastres naturales, accidentes, guerras y abusos físicos y sexuales. La sintomatología que la persona padece después de estos acontecimientos se caracteriza por pesadillas y malestar intenso al recordar (reexperimentación), evitación de situaciones asociadas al trauma, pensamientos distorsionados, sensaciones físicas de malestar, tensión fisiológica, dificultades para dormir, etc. Los denominados traumas con “t”minúscula, cuyo origen, aparentemente tiene menor importancia, pero se ha prolongado en el tiempo lo suficiente como para afectar a la seguridad y bienestar de la persona. Algunos ejemplos de trauma con “t minúscula” serían la desprotección, negligencia parental, humillaciones repetidas, estrés diario, etc.

Otro tipo de clasificación ofrece dos tipologías: Trauma simple, asociado a un incidente aislado (TEPT), Trauma complejo, consecuencia del maltrato y negligencia tempranos, graves y crónicos.

El trauma afecta a la salud de la persona, a su bienestar y a su funcionamiento diario, que se verá influido por las creencias distorsionadas generadas sobre sí mismo, los demás y el mundo. La persona vive amenazada por un peligro emocional grabado en su cerebro, que le mantiene en alerta y afecta significativamente a su calidad de vida.

No todas las personas que viven un trauma quedan inevitablemente dañadas. La recuperación de un evento traumático dependerá de las características previas de personalidad, de su capacidad de resiliencia, del entorno afectivo y de la vivencia de experiencias reparadoras posteriores, una de las cuales, puede ser la psicoterapia.

Mención especial requiere el trauma de apego, por su implicación en la crianza y en la salud mental infantil y adulta. Se trata de un trauma complejo, compuesto de situaciones repetitivas vividas en la infancia de diversa índole. Abarca desde la sobreprotección y violencia emocional hasta el maltrato físico y los abusos sexuales. El tipo de vínculo emocional que se establece en estos casos es muy dañino. Dichas vivencias generan una herida profunda en el niño que las experimenta, alterando la formación de su personalidad, su capacidad de auto regulación, sus esquemas de pensamiento y condicionando futuras vinculaciones afectivas. Los niños que han establecido una vinculación de apego insegura, desarrollaran sintomatología psicológica y física en relación a diferentes estresores vitales, recibiendo diferentes etiquetas diagnósticas que sólo describen el resultado de un problema de base más profunda. En la edad adulta suele ocurrir algo similar. El adulto tiene problemas de pareja, de regulación emocional, adicciones, intentos de suicidio, etc. cuyo origen puede proceder de no haber obtenido una base de seguridad, respeto y aceptación en la infancia.

Cuando un adulto con trauma de apego tiene hijos, todo lo relacionado con la maternidad/paternidad le va a resultar muy complicado, ya que criar a un hijo va a hacer más presentes las consecuencias emocionales de su propia crianza. El progenitor suele volcar en sus hijos sus propias carencias y necesidades infantiles no satisfechas. El vínculo que se genera es destructivo en la medida en que el adulto no sea capaz de discriminar (de forma consciente) entre sus propios conflictos y las necesidades reales de un ser diferente a él. (Algo poco común, ya que supone contactar con un dolor reprimido durante años). La crianza así se vé empañada de diversos acontecimientos que van a dañar la salud mental (y física) de los hijos. Olvidar el pasado es repetir los errores.

Para romper la transmisión intergeneracional de los malos tratos hay que desbloquear las emociones asociadas a experiencias agresivas (físicas y/o emocionales) que recibimos de nuestras figuras de apego (padres y madres en la mayoría de los casos). Cuando esto ocurre, la experiencia cobra un sentido integrado (emoción, pensamiento y sensación) y real de lo que aconteció, sin necesidad de levantar las defensas idealizadoras o negadoras que sí fueron necesarias de niño. Entonces las piezas del puzle empiezan a encajar, y la experienca cobra un nuevo significado. El adulto puede abrirse al mundo emocional de los niños y responder a él de forma madura, segura y afectiva.

En el trabajo psicoterapéutico se identifican los problemas de apego y se trabaja para que la persona consiga hacer consciente su historia, aumentar el conocimiento de sí mismo y su funcionamiento interno, fortalecerse y funcionar en el día a día con estrategias de afrontamiento y de vinculación actualizadas, no fundamentadas en el pasado, sino en el presente.

En el abordaje psicoterapéutico del trauma se incluye la utilización de la técnica EMDR. Esta novedosa técnica ha sido reconocida como el abordaje más eficaz para tratar el trastorno por estrés postraumático (TEPT) y actualmente también resulta de utilidad para el trabajar cualquier experiencia emocional perturbadora.

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